Cuando un desconocido
se asoma por el aula de prekinder, los pequeños no dudan en contarle
la historia del felino anaranjado que está pegado en la pared
del fondo. Al tigre no le gusta la miel, pero se manchó
y por eso lo siguen las abejas, dicen.
A uno de los grupos, el maternal, se le mantiene
armando rompecabezas, mientras en la sala de los bebés llegó
la hora de cambiar pañales.
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Como lo indica el Código
de Trabajo, toda empresa en la que laboran más de 30 mujeres
debe tener un área para el cuidado de los niños
y la USAC cumple ahora con ese mandato.
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Así funciona el jardín infantil de
la Universidad de San Carlos, el cual fue inaugurado en febrero y se
ha convertido en un apoyo para los empleados y estudiantes de esta casa
de estudios superiores. Esa responsabilidad está estipulada en
el Código de Trabajo, artículo 155, donde indica que toda
empresa en la que laboren más de 30 mujeres debe acondicionar
un local para que una persona idónea se encargue del cuidado
de los niños.
Como mamá, puedo decir que un proyecto
como éste contribuye a la seguridad y bienestar de los estudiantes
y trabajadores, pues saben que sus hijos están cerca y bien cuidados
mientras ellos desarrollan sus actividades, explica Irina Urbina,
trabajadora social que labora como supervisora del jardín.
Por las mañanas, varias de las laborantes
entran a determinada hora para darles lactancia a sus bebés,
mientras que por las tardes es común ver a varias mamás
que, con mochila al hombro, dejan a sus bebés mientras ellas
van corriendo a su salón de clases.
Por lo general, las mujeres tenemos poco
acceso a la educación universitaria, y si estamos criando niño,
es aún más complicado. Por eso queremos apoyarlas con
el cuidado de sus bebés, asegura Urbina.
Anhelo de muchos años
La idea de construir un jardín infantil
que apoyara a las madres y trabajadoras de la Universidad surgió
hace más de 20 años. La iniciativa fue planteada en 1994
por la psicóloga Thelma Cortéz Pérez, quien después
de estudiar un doctorado en Francia creó el proyecto que inicialmente
se llamó Centro de Desarrollo Integral del Niño,
pero es hasta ahora que ha podido hacerse realidad.
Actualmente, atienden a 75 alumnos entre los tres
meses y cinco años. De ellos, un 30 por ciento está formado
por hijos de estudiantes. Pretendemos ser un centro de atención
integral e individualizada, pues cada día son más las
mujeres que se desempeñan profesionalmente o buscan una preparación
para generar un ingreso económico, explica Abraham Cortés,
psicólogo y director del jardín infantil, que funciona
en dos jornadas: la matutina, que atiende de siete de la mañana
a tres y media de la tarde, y la vespertina, que comprende el horario
de una de la tarde a ocho de la noche.
El cupo máximo será de 140 alumnos,
una cifra insuficiente para los más de 115,000 estudiantes de
la universidad y sus 3,000 empleados. Sabemos que hay mucha más
demanda de la que podemos atender, pero ante todo, queremos brindar
un servicio de calidad, acepta el director.
Esfuerzo de muchos
No obstante, el jardín es ya un centro-escuela,
en el cual varios estudiantes que están por graduarse de diversas
carreras como Psicología, Medicina, Odontología, Trabajo
Social y Nutrición, harán sus prácticas. 32 estudiantes
de Psicología se encargan de hacer la evaluación y diagnóstico
de cada alumno para elaborar un plan específico de estimulación
temprana. Somos fieles creyentes de que el desarrollo de la persona
en los primeros años es fundamental. Es por eso que deseamos
tener niños y niñas sanos, mental y físicamente,
explica Cortéz.
Los estudiantes de Medicina se encargan del programa
materno-infantil, y por las tardes se presta el servicio de tutoría
y supervisión de tareas para niños escolares, entre 7
y 12 años. Este es un gran beneficio para el centro y no
representa ningún costo para los padres, afirma el director.
Se han establecido cuotas mínimas para los padres (Q150)
y la Universidad asume la mayor parte del presupuesto.
Asimismo, han comenzado a elaborar un proyecto
que pretende capacitar y diplomar a las niñeras que más
tarde puedan aportar sus conocimientos en centros de cuidado como éste.
Como bien dice el psicólogo Cortéz,
este es un pequeño esfuerzo que hoy apenas inicia, pero que ojalá
en algunos años se convierta en un semillero de pequeños
aspirantes a ser universitarios exitosos.