Arrullar a un hijo
es uno de los sueños acariciados por toda mujer, pero éste
no siempre llega en la primavera de la vida. Algunas tienen que luchar
durante largos años para poder escuchar el llanto de su bebé.
Las cuatro décadas es, a veces, el momento de la sorpresa.
Julia Verónica Gálvez de Pacheco,
de 40 años, es una de ellas. Durante 16 años ha luchado
junto a su esposo contra la infertilidad. Se ha sometido a innumerables
tratamientos en clínicas privadas y públicas, para poder
concebir. Incluso, consultó a un especialista estadounidense.
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Julia Verónica Gálvez
lucha desde hace 16 años por ser madre.
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Hemos gastado mucho, hasta vendí un
terreno para poder costear todos los tratamientos, relata.
Finalmente, Julia recibió la buena noticia
de que está embarazada, pero la felicidad no ha podido ser completa.
Tiene 10 semanas de embarazo y la amenaza de un aborto ha empañado
este momento tan esperado.
Desde el 25 de abril, las salas de maternidad del
Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, IGSS, de Pamplona se han
convertido en su hogar, ya que está considerada como paciente
de alto riesgo.
Pero eso no le importa y está dispuesta
a permanecer ahí todo el tiempo que sea necesario, con tal de
salvar a su bebé. Si me dicen que me quede aquí
los nueve meses, me quedo. Lo único que quiero es tener a mi
bebé, señala, entre lágrimas.
Y nada detendrá a Julia en su deseo de ser
madre, ni siquiera la trombosis que le afecta, la cual, según
los ginecólogos del IGSS, podría ocasionarle problemas
muy serios durante el embarazo y en el momento de dar a luz.
Dios me hizo el milagro y me siento feliz
de estar embarazada, afirma.
Por primera vez
Cualquier complicación que se pueda presentar
durante el embarazo y el alumbramiento queda en el olvido cuando se
escucha el llanto del hijo tan deseado.
Esto es lo más lindo que me puede
suceder. Es una bendición de Dios, dice Ana Cristina Lechuga
de Ríos, de 41 años, quien ahora es madre por primera
vez.
La experiencia de Ana Cristina es una muestra de
que nada es imposible, aunque la ciencia lo contradiga. Debido a su
edad y la hipertensión crónica que padece desde hace cinco
años, los médicos decidieron someterla a una cesárea
de emergencia el 23 de este mes, cuando cumplía 33 semanas de
embarazo.
Quisieron evitarme una embolia cerebral,
apunta.
El parto prematuro provocó que la bebé,
a quien bautizarán como Elena del Rosario Ríos Lechuga,
pesara 2 libras con 5 onzas al nacer.
La alegría no fue total para Ana Cristina
el día del alumbramiento, ya que la niña fue trasladada
a una sala de cuidados intensivos en estado delicado, sin que siquiera
pudiera verla. El gran momento llegó 36 horas después,
cuando la madre pudo escuchar sólo el llanto de su pequeña.
Cuando la veo tan chiquitita pienso: ¿Cómo
puede ser Dios tan lindo para que ella esté bien formadita?.
El rostro de Ana Cristina irradia felicidad. Se
siente realizada y cree que este es un milagro concedido por Dios.
Es la primera y por eso la esperamos tanto.
Todo lo dejamos en manos de Dios, señala Ana Cristina,
quien trabaja como maestra en la Escuela No. 52 de Párvulos,
ubicada en la zona 1.
Sorpresas que da la vida
No todos los casos de las mujeres que dan a luz
después de los cuarenta son iguales. Mientras algunas luchan
por tener a su primer hijo, otras, sin proponérselo, se llevan
la sorpresa cuando la visita de cada mes no llega. No es que la menopausia
haya iniciado... ¡se trata de otro bebé!
Habíamos decidido tener sólo tres hijos; sin embargo,
por ahí se nos apareció el cuarto, señala
Silvia Magaly Terraza de Cortez, de 40 años.
Ahora, Antonhy André, de 7 años;
Yeison Estuardo, de 5, y Roger Estiven, de 3, tienen una hermanita más,
a quien le pusieron Silvia María, y con quien podrán jugar
al regresar del colegio.
La llegada de esta pequeña ha llenado de alegría
el matrimonio que integra Silvia Magaly con su esposo Antonio Cortez,
quien es médico especializado en pediatría.
Me puse contenta cuando supe que estaba embarazada.
¡Imagínese, haberla tenido a los 40 años! Creo que
Dios siempre tiene un propósito, asegura.
Llenan vacío
En otras familias, la llegada de un bebé llena
el vacío de muchos años, cuando los hijos ya trabajan
o estudian y la casa luce siempre vacía.
El hogar de Dolores Virginia López de Bautista,
de 40 años, permanecía en silencio desde hace muchos años,
ya que sus hijos, Dina Sohemia, de 21 años; José Arturo,
de 19, y Carlos Ariel, de 17, se marchan desde muy temprano a trabajar
y a estudiar.
Sin embargo, desde el 28 de abril, el hogar de Dolores
es diferente. Además de los quehaceres como ama de casa, escucha
el llanto de su bebé, cuando tiene hambre o siente alguna molestia.
El niño ha venido a llenar un vacío, porque los
otros estudian y trabajan, relata.
No faltaron las complicaciones durante los nueve meses,
pero lo que más recuerda son los antojos, que con sus otros hijos
no había experimentado.
Lo que más me gustaba eran las frutas, especialmente
la papaya y el melón, recuerda.
El parto fue muy diferente al de la mayoría de
madres de esa edad, ya que se presentó a las 40 semanas de gestación,
pero no tuvo contracciones. Esto provocó que al cumplir 41 semanas
los médicos decidieran practicarle cesárea.
Me pasé del tiempo, lo cual me asustaba.
Temía que algo negativo pudiera suceder. Cuando me confirmaron
el embarazo me asusté, porque uno siempre corre riesgos por la
edad, explica Dolores, quien asegura que ese embarazo, después
de 17 años, fue algo inesperado.
Sin limitaciones
El embarazo no es una limitación para que estas
mujeres, a pesar de su edad y los riesgos, abandonen el trabajo. Irma
Leticia Franco de Paz, de 41 años, dejó de trabajar cuatro
días antes de dar a luz.
Llevar a su bebé en el vientre no impidió
que continuara viajando a Quetzaltenango, Retalhuleu, Alta Verapaz,
Puerto Barrios y otros departamentos para vender neumáticos.
Mi trabajo exige que viaje constantemente, señala.
La maternidad llegó al hogar de Irma Leticia y
José David Paz Franco nueve años después del nacimiento
de su última hija, Renata María, y 22 después del
de María Sofía, la mayor. Mi esposo está
muy feliz, ya que es una bendición, apunta.
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Silvia Magaly Terraza de Cortés
considera que el nacimiento de su hija es una bendición
de Dios y que ha experimentado la emoción más grande
de su vida.
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Irma indica que para ella la edad no representó
problema, ya que fue el parto más fácil. No tuve
ninguna complicación, ni antes ni después. De mis partos,
fue el mejor y el más rápido, refiere.
El temor a ser madre después de los cuarenta años
se mantiene en la sociedad guatemalteca; sin embargo, la experiencia
demuestra que, en la mayoría de los casos, el sueño de
tener un bebé se puede realizar, pese a algunas complicaciones.
Habla el experto: Constituye El 5% de los casos
El subdirector del hospital de Gineco-obstetricia del
Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, Iván Vanegas Chacón,
explica que la hipertensión es una de las complicaciones más
serias que las madres pueden afrontar cuando dan a luz después
de los 40 años.
¿Qué tan seguido se atiende a
madres de más de 40 años?
Constituye alrededor del 5 por ciento del total de las
pacientes. En este hospital se atienden aproximadamente 60 partos diarios.
En estos casos, ¿existen complicaciones
debido a la edad?
Los principales problemas que pueden afrontar las señoras
son hipertensión y placenta previa. Esto último provoca
hemorragia en el último trimestre del embarazo y ocasiona mayores
problemas. La hipertensión puede causar convulsiones.
¿A qué edad puede dejar de concebir
la mujer?
Fisiológicamente, la mujer se encuentra en edad
reproductiva hasta los 45 años. Los libros reportan que el período
fértil es de 15 a 45 años, pero en las sociedades de Latinoamérica
hay casos reportados desde los 12 hasta los 48 años.
¿Por qué estos embarazos son
vistos con sorpresa?
El mismo proceso normal de funcionamiento de las hormonas
femeninas hace que después de los 35 años empiecen a producirse
en menor cantidad. Los óvulos pueden traer algunas anormalidades
y también, por lo general, el cónyuge de las pacientes
tiene edad mayor, lo cual puede ser causa de anomalías estructurales
en los espermatozoides, que al unirse con un óvulo con similares
características representan mayor riesgo de anormalidades, principalmente
Síndrome de Down.
¿Reciben alguna atención especial
después del parto?
Se les da el seguimiento común y corriente, a
menos que presentaran alguna complicación, pero la mayoría
no tiene problemas después de dar a luz.