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Todo depende de la educación
Para el padre José María
Delgado Varela, capellán de los centros de detención Pavón
y Pavoncito, la solución de la crisis en las cárceles depende
de la educación y la terapia ocupacional que se brinde a los reos.
Por: Gabriela Barrios Paiz
Fotografía: Carlos sebastian
Las cárceles se convirtieron en su apostolado.
Lleva 30 años como capellán de los centros de detención
Pavón y Pavoncito, y dice que mientras tenga fuerzas, seguirá
yendo. Conoce muy de cerca la problemática del Sistema Penitenciario
en Guatemala. Cree que la educación es la única alternativa
para que haya menos pandilleros en las cárceles, y asegura que,
mientras éstos centros no cuenten con programas serios de instrucción
y terapia ocupacional, los motines seguirán.
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El padre Varela, como se le conoce
comúnmente, ha vivido de cerca los conflictos en los penales.
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¿Cree que hay alguna medida para que
la situación de las cárceles cambie?
Hasta ahora, creo que el modelo de autoridad que se aplica
en Pavón ha funcionado.
Allí existe un comité de orden y disciplina
que crea normas en el penal, el cual es designado por los mismos reos.
Saben que ninguna autoridad dará dinero para reparar
nada. Ellos contribuyen a hacer mejoras para todos. Lo más importante
es que quien esté a la cabeza sea un líder positivo, y
no un pervertido, como sucedió en una ocasión, en la que
el mismo director de presidios designó a un amigo suyo.
Pero las autoridades aún son responsables
del desorden que priva en los centros de detención.
Llevo 30 años trabajando en las cárceles,
y las autoridades no corrigen los defectos. Si hay droga en los presidios
hay una autoridad involucrada en eso, que permite que la droga ingrese.
¿Qué medidas concretas recomendaría
usted?
Uno de tantos directores de Presidios convirtió
los centros preventivos en penales de máxima seguridad y dispuso
que en Pavoncito los cholos no debían recibir visitas,
deporte e instrucción, sino permanecer encerrados. La educación,
el trabajo y el deporte son tres elementos fundamentales para la rehabilitación,
a fin de que cuando recuperen su libertad anhelen una vida diferente.
¿Y cómo hacer para que decenas
de pandilleros no vivan en las cárceles?
La solución es a largo plazo. El Ministerio de
Educación es el responsable de que haya cholos. La educación
debe llegar a cada poblado del país, y no sólo la instrucción
formal, sino la enseñanza de artes y oficios. ¿Cómo
lograrlo?, pues muy fácil. Que los millones que se gastan en
el Ejército sean destinados a educación, y que Guatemala
siga el ejemplo de Costa Rica, en donde sólo existe una guardia
de fronteras. Así, en 14 años se acabarán las maras
por completo.
Polémica: carceles en conflicto
El problema parece no tener fin. Cíclicamente,
los centros de detención y cumplimiento de condenas ocupan las
primeras planas, debido a los motines que últimamente se han
tornado más cruentos y sanguinarios. Hasta ahora, las medidas
tomadas por las autoridades han resultado insuficientes.
Para aquellos que conocen a fondo el problema de las
cárceles, como el sacerdote José María Delgado
Varela, capellán de Pavón y Pavoncito, y el abogado Manuel
Baldizón Méndez, existen soluciones, pero éstas
requieren un cambio de visión de parte de las autoridades penitenciarias,
un sustento legal actualizado y la reingeniería de procesos administrativos
viciados.
La convivencia debe ser equitativa y justa
Manuel Baldizón Méndez diseñó
una plan para mejorar la situación de las cárceles, en el
cual propone una reingeniería de los procesos administrativos.
Por: Gabriela Barrios Paiz
Fotografía: Gustavo Montenegro
Hace tres años, tras la fuga masiva en el penal
de máxima seguridad de Escuintla, Manuel Baldizón, abogado,
con una maestría en Gestión de Organización en
Valparaíso, Chile, efectuó un estudio sobre la situación
de las cárceles en Guatemala y lo presentó a las autoridades
del Sistema Penitenciario. Este, como otros proyectos, quedó
engavetado y jamás tuvo eco. Dada la problemática actual
en los presidios, Baldizón espera que su propuesta sea analizada.
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Manuel Baldizón efectuó
en 2000 un proyecto que sugiere cambios sustanciales en las cárceles
del país.
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¿Cuáles son los cambios fundamentales
que sugiere su proyecto?
Mi propuesta engloba el aspecto jurídico con lo
social y administrativo. Creo que no es necesario cambiar todo lo que
ya existe, pero es indispensable una reingeniería de los procesos
administrativos.
¿Aquí se refiere a las autoridades?
A las autoridades y a la forma en que éstas manejan
los penales. En esta reestructuración, el capital humano es lo
más importante. Las personas que actualmente administran el Sistema
Penitenciario conocen los procesos anómalos y se resisten al
cambio. Por ello, la transformación debe ser estructural, partiendo
de que la guardia externa del penal no puede ser la misma que tiene
relación con los reos, ya que esa es la clave de las fugas.
¿Por qué?
Porque, como seres humanos, creamos vínculos,
y es así como se pierde la autoridad. Juan sirvió ayer
la comida, pero mañana está en la puerta. Entonces vengo
yo, como reo, y le digo: Mirá Juan, mañana viene
mi mujer, te encargo que no me la vayás a registrar, y
es ella quien lleva las armas, la droga y demás.
¿Cómo contrarrestar el asinamiento
en las cárceles?
Se debe efectuar reformas a la ley penal y utilizar figuras
desjudicializadoras; es decir, que delitos culposos o donde no haya
habido intención se castiguen con otro tipo de medidas.
¿Cree que es posible la reinserción
social?
Es que ese es el fin primordial y lo manda el artículo
19 de la Constitución. Creo que la inactividad que rodea a los
reos es perjudicial.
¿Su plan contempla también cambios
en la infraestructura de las cárceles?
Hay que efectuar cambios grandes. Se debe construir nuevos
penales y remodelar los ya existentes. También hay que crear
dos o tres cárceles de máxima seguridad, para que la población
se sienta segura y vuelva a confiar en la justicia de este país.
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