Semanario de Prensa Libre • No. 90 • 26 de Marzo de 2006    


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D cultura

Presto non troppo
Amorfo
Una película guatemalteca

Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com

Centro financiero del mundo, además de núcleo industrial y del sector terciario, importantísima encrucijada aérea, marítima y ferroviaria, icono de la arquitectura y del urbanismo norteamericanos, Nueva York es una ciudad cosmopolita y cultural por excelencia.

Sería difícil imaginar un punto más céntrico para la exhibición de una película guatemalteca: la esquina de la Quinta Avenida y la Calle 34, casi enfrente del emblemático Empire State (durante décadas el edificio más alto del planeta), en el corazón de Manhattan, a su vez entraña de la ciudad. Allí, a finales de febrero, nos congregamos varios de los que intervinimos en la producción de Amorfo, la película más reciente del cineasta Mario Rosales, para presentar y comentar públicamente la primera de tres funciones en las que se ofreció la cinta a un auditorio neoyorquino. Un mes antes, su estreno en la ciudad de Guatemala se había visto secundado de diez cine-foros en igual número de sitios, con la participación de ponentes en disciplinas tan diversas como el trabajo de actuación, dirección, fotografía, mercadeo, historia, poesía y música.

El filme ha suscitado reacciones a cuales más diversas, desde la de quienes quieren considerarla como una necesaria y bienvenida ruptura con el cine que se ha practicado a la fecha en el país, hasta aquéllos que le niegan valor y sentido estético debido a su estructura no lineal, disociada y, a ratos, chocante, amorfa...

Indudablemente, una proposición cinematográfica difícil para Guatemala, aunque bastante menos sorprendente e inesperada en Nueva York. Allá, la cinta ha generado una respuesta más moderada, enfocada en averiguar sobre una cultura de la que el resto del mundo no sabe gran cosa.

Como compositor, una vez más, de la banda sonora para una película chapina, me ha cabido la satisfacción de compartir la oportunidad -y la responsabilidad- de dar a conocer en el extranjero algunas facetas de nuestra sociedad, sin los estereotipos formales de siempre. Por eso, ahora también quisiera compartirle a los lectores la inquietud de acercarse al nuevo cine guatemalteco, y a Amorfo en especial, con todas sus múltiples aspiraciones y sus múltiples contradicciones. Ya que a nosotros no nos toca enjuiciar nuestras propias producciones, que sean los espectadores quienes descubran y aprecien sus fortalezas, tanto como sus fragilidades; aquí, como en otros lados.

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