Agua en la cima
Las aguas de la Laguna Chicabal, son guardadas
por el cráter silencioso de un volcán.
Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián
El cielo se refleja sobre las aguas cristalinas
de una laguna que parece emerger del cráter de un volcán
que en silencio ve transcurrir los años. El misticismo envuelve
el encanto de la laguna de Chicabal, declarada área protegida
desde 1989.
Esta laguna, es una de esas bellezas naturales que desde el inicio
atraen de manera extraña. El visitante, de pronto, se siente embebido por sus
ráfagas de viento y el aroma de sus verdes bosques. El canto y aleteo
de la abundante variedad de aves, seducen, aún más, al turista.
Las gélidas aguas de este cuerpo lacustre tienen su razón de permanecer
frías: están ubicadas a 2 mil 900 metros de altura sobre el nivel
del mar, en la cima de un volcán que permanece inactivo y que tiene el
mismo nombre de la laguna, en San Martín Sacatepéquez, Quetzaltenango.
Para llegar a esta cima se deben recorrer, inicialmente, 224 kilómetros
de la capital hacia la cabecera departamental de Quetzaltenango, y después
otros 24, para llegar a la laguna. Al sitio se puede llegar fácilmente
utilizando el transporte colectivo que parte constantemente de Xelajú.
Jugar con el tiempo
Cada paso que se da en el sitio, es como un salto en la historia
y la cultura del lugar, pues en sus alrededores, mezclados entre
la verde vegetación,
abundan los altares donde los mam y q’uiche’ practican sus ceremonia
ancestrales. Estar en esta cima es como romper caprichosamente con el orden del
tiempo y regresar a cada momento.
Los 26 altares mayas que aún existen en el área, convierten el
lugar en uno de los más sagrados e importantes de la cultura indígena
de occidente. La mayoría está localizado en los alrededor de la
laguna, y sólo tres están en una de las cumbres del cráter
llamada Popb’il.
La presencia de sacerdotes en los centros ceremoniales se registra
durante todo el año, debido a que sus ritos los realizan de acuerdo al orden que determina
el calendario maya y dependiendo de las oraciones propuestas. Pero la que más
llama la atención es “la rogativa por la lluvia”, a la cual,
según se estima, asisten más de 6 mil visitantes cada año.
Este día especial coincide con la celebración de la Ascensión
de Jesús al Cielo. Sin embargo, todas estas ceremonias corren el riesgo
de desaparecer, debido a que cada vez hay menos altares a raíz de la depredación
y el abandono de los sitios.
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El camino
Llegar
a la laguna es muy fácil, pues hay transporte público
y se puede ingresar en vehículo particular; sin embargo,
se deben guardar algunas recomendaciones por ser un área
protegida.
- Los microbuses rojos Chicabal trasladan
personas diariamente desde Quetzaltenango hasta la Laguna
Seca (inicio del recorrido hacia la laguna de Chicabal).
Los autobuses Chile Verde o Xelajú parten
de la terminal de Quetzaltenango, hacia Colomba.
- Con vehículo particular se
puede llegar por la carretera de Colomba, y a la altura
de San Martín Sacatepéquez, se debe desviar
por el caserío de Toj Mech.
Recomendaciones
- No está permitido nadar en
la laguna.
- Se deben proteger todos los altares
mayas.
- Está prohibido molestar a
los animales, así como cortar plantas.
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Bueno y dulce Chicabal, en mam significa “Espíritu
de sangre dulce” o “lugar
bueno o dulce” y su historia está llena de leyendas mágicas
que, con mucho celo, los habitantes del lugar guardan y transmiten oralmente
a sus descendientes mam y q’uiche’.
El clima en la cima del volcán es muy húmedo, lo que permite observar
paisajes difíciles de admirar en otras latitudes. El lugar también
se presta para practicar el ecoturismo y, con suerte, encontrar a la legendaria
ave nacional, el quetzal, ya que este sitio es uno de sus últimos refugios. De chile
La historia de San Martín Sacatepéquez, está muy ligada
a la producción de chile, tanto que mucha gente aún conoce el municipio
con el nombre de San Martín Chile Verde. Pero la razón de este
nombre dejó de tener sentido en 1902, cuando el volcán San María
hizo erupción y acabó con las plantaciones, así como con
la semilla del chile verde.
Este acontecimiento vino a cambiar,
radicalmente, la historia de este municipio, que tiene una extensión
de 100 kilómetros cuadrados, debido a que
sus habitantes se dedicaron a producir más tejidos típicos.
Los
habitantes aún conservan los valores y principios de
su ancestral cultura y hablan el idioma mam como medio de comunicación
a nivel familiar y comunal. El castellano lo utilizan, sobre todo,
los hombres, para realizar sus transacciones con los ladinos.
Desde la época Precolombina, los habitantes creen que la
naturaleza y el Universo inciden en la vida de todos los seres
humanos y que toda actividad importante no puede realizarse, sin
antes comunicarse con ellos y pedirles permiso.
De la conservación de esta
espiritualidad, que es uno de los pilares fundamentales de la comunidad,
se encargan los ancianos, quienes son los responsables de cumplir
con el papel cohesionador entre el pasado, el presente y el futuro
de San Martín Sacatepéquez. |