Del éxito del mesero...
Durante 23 años trabajé como cocinero, pero decidí abrir mi propio negocio

Si me preguntaran cuál es mi profesión respondo: cocinero. Empecé en este oficio en 1972, con don Paulino Jarquín, en el restaurante Katok (Tecpán Guatemala, Chimaltenango). Recuerdo que mi primer trabajo fue lavar trastos y baños, pero un día no llegó uno de los cocineros y me dieron la oportunidad de ingresar a este mundo.
De ese tiempo para acá todo ha cambiado. En esos años, por ejemplo, un chorizo y cuatro tortillas costaban Q0.15, ahora, la mayoría de restaurantes que están en esta ruta (Interamericana) ofrecen servicio a la carta. En esos años se ganaba poco, pero todo era más barato, ahora así como se gana también se gasta. Mi salario era de Q14 mensuales.
El destino me llevó por varios lugares durante la década de 1980. En 1979, trabajé en un restaurante de San Lucas que se llamaba El Toro. Allí el menú variaba un poco, debido a que se le daba prioridad a la comida típica como el estofado y pepián. En 1982, trabajé como portero en el famoso Zócalo (ya desaparecido), ubicado en la 18 calle de la zona 1. También fui cocinero de unos italianos en Chixoy (Alta Verapaz). Aprendí a hacer pan en una panadería que se llamaba San Agustín, en la zona 7, donde trabajé durante seis años.
La década de 1990 la inicié en el restaurante El Pedregal, donde estuve hasta 1994. Un día me dije: “Todavía tengo 12 años para construir mi vida”, tenía 38, y decidí casarme con la mujer que hoy es mi esposa (Marlene Alemán). De este negocio me fui llorando, porque para mi boda me regalaron desde el vestido para la novia hasta el pino.
El 3 de septiembre de 1995, con Q300, inicié el sueño de inaugurar mi negocio que con el tiempo bauticé como La Polanquita, en honor a mi esposa que es originaria de Santa Apolonia, Chimaltenango. Mi primer local lo construí con cuatro postes y el techo lo hice con ramas de ciprés. Vendí tortillas con carne, chorizo y queso. Así comenzó la trayectoria de La Polanquita y aprendí que con poco se puede lograr mucho. En noviembre abriré un pequeño hotel. He aprendido dos cosas. 1) Es más importante el volumen de venta que los precios altos. 2) Del éxito del mesero también depende el de los dueños.
Mario Salvador Higueros,
restaurante La Polanquita
Km. 91.5 ruta a Tecpán.
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