Semanario de Prensa Libre • No. 228 • 16 de Noviembre de 2008

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El Popol Vuh como musa
El libro sagrado ha sido utilizado muchas veces para inspirarse en diferentes ámbitos del arte.



por ana martinez de zarate
fotos: carlos sebastian
ilustracion: billy melgar

¿Cómo era Ixquic? ¿Ixbalanqué fue mujer? ¿Cuál es el origen del maíz? ¿Cómo se creó el mundo? Infinitas preguntas —con sus respectivas, casi siempre fantasiosas y divertidas respuestas— surgen a partir de leer el Popol Vuh. Por eso, es un documento de referencia a la hora de obtener la tan ansiada inspiración, que los griegos definían como un estado de éxtasis y de conexión con los dioses.
Este libro sagrado no solo influye en el arte plástico, también salpica a la literatura, la música, incluso el cine. Intentamos hacer un repaso a algunos de los numerosos artistas que han tenido como musa a la biblia de los mayas: el Popol Vuh.

Historia

Hay que precisar que el Popol Vuh es un reflejo de la cultura maya. Sin embargo, según el arquitecto y epigrafista Federico Fashen sería más correcto decir cultura “mesoamericana” ya que, además, ésta tiene relación con la deidad del maíz. Entonces, el Popol Vuh sería un reflejo de las leyendas de las zonas desde Ciudad de México hasta la frontera entre Nicaragua y Costa Rica con las siguientes etnias: olmeca, maya, mixe-soque; y las siguientes culturas de oaxaca, teotihuacana y del sur de Mesoamérica.

Pintura

El libro que habla sobre la creación del mundo no solo es sagrado para los mayas, además ha servido de inspiración para los más grandes artistas como el considerado impulsor del interés por el Popol Vuh Carlos Mérida, quien en 1943 creó su primer y exclusivo álbum con 10 láminas sobre este tema. Una de las afortunadas que obtuvo uno de los mil ejemplares vendidos es Irma de Luján, licenciada en Historia del Arte y pintora. Ella define a este artista como “creador de un estilo”, pues interpretaba “excelentemente la llamada línea maya”, caracterizada por ser muy fina y suave, que realizaba sin levantar el trazo. Para José Mario Maza, director del Museo Nacional de Arte Moderno, Mérida fue el primero en usar “un lenguaje de vanguardia” y “romper con el regionalismo”.
Posteriormente, en 1978 Mérida editó otro álbum, cuyas láminas se encuentran en el Museo de Arte Moderno. Ambos, aunque con estilos diferentes, se centran, sobre todo, en la creación del mundo, la derrota y ruina de Wucub Kak’ix o el descenso a Xibalbá de los héroes gemelos Junajpú e Ixbalanqué, entre otros pasajes.
Un estilo diferente es el de Alfredo Gálvez Suárez, cuyos murales en el Palacio Nacional de la Cultura, varios inspirados en el Popol Vuh, se caracterizan por usar un lenguaje académico, tradicional y figurativo.
El pintor Roberto Cabrera, quien también ha ilustrado este libro y ha recurrido a él para inspirarse en numerosas ocasiones, sostiene que a partir de la década revolucionaria (1944-1954) comienza el interés por éste, no solo de los pintores, sino de la población en general, debido a que era un período de “mucho nacionalismo”, señala.
En dicho período destacó Roberto González Goyri, quien tuvo en cuenta este ejemplar para su relieve La nacionalidad guatemalteca que se encuentra en las oficinas centrales del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS). Con motivo de la inauguración del mural La religión en Guatemala, sus raíces hispánicas, coloniales y sincréticas contemporáneas, que se encuentra en el museo de Antropología y Etnología, sostuvo en una entrevista, en 1992, que su principal fuente de inspiración fue el Popol Vuh: “Tomé sus puntos más importantes e inicié el recorrido religioso de Guatemala con imágenes tomadas de sus páginas”.
Menos conocido permanece el mural de Integración Económica de Centroamérica del artista hondureño Arturo López Rodezno que se encuentra en la Sala de Sesiones de la Junta Monetaria del Banco de Guatemala. Fue un obsequio del Banco Central de Honduras como gesto de hermandad y en la pintura aparece el joven dios del maíz, Ah Mun.
Cuando paseamos por la calle también hay varios elementos que nos recuerdan de dónde venimos. Por ejemplo, en la fachada oriente del Banco de Guatemala, Dagoberto Vásquez Castañeda, hizo un mural llamado Economía y Cultura que inicia con el mito de la creación desde la cosmovisión maya en el que “retomó el Popol Vuh para contar cómo los dioses antiguos dieron vida”, se recoge en la explicación del libro Joyas artísticas del Banco de Guatemala, editado en el 2001.

Comalapa

Nada más entrar en el pueblo de los artistas, San Juan Comalapa (Chimaltenango), en el quiosco frente a la iglesia colonial ya podemos apreciar dos pinturas con temas del Popol Vuh, elaboradas por Julián Sotz y Filiberto Simón. Entre sus habitantes, también, hay varios que se han interesado por el tema. Sobre todo, las mujeres, quienes se han caracterizado —según Lucrecia de Prera— por desarrollar un nuevo estilo denominado realismo mágico, o también conocido como naif. Ellas, para distinguirse de los hombres, innovaron en cuestiones de estilo y temática. Y por eso, eligieron el Popol Vuh para inspirarse. Aunque, cada una, trabaja en forma diferente. Por ejemplo, Paula Nicho pinta lo que sueña y luego se da cuenta de que algunos de sus ensueños tienen que ver con el libro sagrado k’iche’, mientras que Margarita Roquel señala que fue a partir de leerlo cuando comenzó a tomarlo como musa.
Asimismo, el artista Óscar Barrientos siempre estuvo muy influenciado en sus pinturas y esculturas por éste. Su familia data el interés a partir de 1973 y “hasta el final”, señala su hijo Leopoldo Barrientos. De hecho, en el año 1986 hizo una exposición en la que destacaba “sobremanera”, según escribió Luis Luján Muñoz, la obra del Gucumatz “por su equilibrado diseño en cuanto a que inspirado en lo precolombino logra asertar en su diseño contemporáneo”.

Internacional

En México también se han interesado mucho por el ejemplar. Desde el archiconocido Diego Rivera con varias acuarelas sobre el tema hasta la británica Leonora Carrington con piezas como El mundo mágico de los mayas, que pintó para el Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México y que en la actualidad se encuentra en el de Chiapas.
Con respecto a un supuesto auge de esta temática hay diversidad de opiniones. Para algunos, como el pintor mexicano Héctor Gerardo Becerra, quien le ha interesado el tema desde su niñez, hay mucha aceptación de obras sobre el Popol Vuh por parte del público, aunque reconoce que todavía falta un lugar adecuado para que “se vendan”. Sin embargo, otros expertos, como el historiador y crítico de arte Guillermo Monsanto, opinan que “la problemática que vive la población guatemalteca ha hecho que los artistas miren hacia otro lado”.
El investigador guatemalteco de Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Carlos Navarrete Cáceres, quien ha tratado el tema en Relatos mayas de tierras altas sobre el origen del maíz: Los caminos de Paxil, piensa que en la actualidad el Popol Vuh “está reconstruyendo la parte espiritual de Guatemala”.

Literatura

Si hay un autor que se relaciona con el Popol Vuh es el Nóbel Miguel Ángel Asturias, pues hasta tradujo la obra sagrada del francés, realizada por su maestro Georges Raynaud, al castellano en el año 1927. En hombres de maíz, publicado en 1949, se recogen sus principales temas, ya que combina las raíces precolombinas, inspiradas en el Popol Vuh, con la situación política del momento.
Wucub Kak’ix ha sido uno de los personajes del Popol Vuh más tratados en las letras guatemaltecas. Manuel Galich, considerado uno de los padres del teatro nacional, creó la representación El señor Wucub Kak’ix en donde mezcla “hechos simbólicos de las culturas prehispánicas que el autor veía realizadas en la realidad circundante”, señala el escritor e investigador Carlos Solórzano. También, Rigoberto Juárez Paz escribió Cinco relatos contra el olvido, en donde trata “Las Memorias de Wucub Kak’ix”.
En la obra Cansado de esperar el sol, del español de nacimiento, pero guatemalteco de adopción, Francisco Pérez de Antón, se inspira también en el libro sagrado y realiza una serie de relatos en las que se combinan dos culturas “la hispánica y la maya- k’iche’”.
Pero, no solo el Popol Vuh ha sido musa en la pintura y la literatura, además, existen otros ámbitos del arte que se han visto influenciados por la obra. En la música, incluso, una banda alemana de rock progresivo, liderada por el pianista Florian Fricke, tiene por nombre Popol Vuh.

Música y cine

En el género clásico destacan las composiciones de figuras como Ricardo Castillo, con Xibalba, o el francés Édgar Varese, quien en 1934 en la obra Ecuatorial utiliza una voz de ultratumba en la que recita una oración del Popol Vuh.
Entre los actuales, destaca el grupo Terracota con un estilo denominado “maya contemporáneo”. Leonel Flores, líder de la banda, señala que su grupo fue uno de los pioneros en inspirarse en las raíces mayas. La idea surgió en 1982 tras escuchar a un grupo andino en un festival latinoamericano celebrado en Bahía de Ancón (Perú) en los que, excepto ese grupo, todos los “demás sonábamos igual”. A partir de entonces se pasó ocho años investigando las raíces mayas para posteriormente plasmarlas en sus composiciones. La fórmula les funcionó y desde entonces no solo han triunfado en el país, sino, y sobre todo, en el extranjero, donde son reclamados por igual tanto en EE. UU. como en Europa.
También Ranferi Aguilar, ex Alux Nahual, tiene varias canciones originadas a partir del Popol Vuh como Ku Nawal Ja o Un pequeño guerrero en Xibalba del álbum El Hacedor de lluvia. Igual que cantantes como Alfonso Arrivillaga o Luis Cali, de Música Aj, entre otros muchos.
En el ámbito cinematográfico, según Alberto Jiménez, de la Asociación de Cineastas, hay que destacar la película de Herminio Muñoz Robledo La princesa Ixquic protagonizada por Norma Aguilar, Vilma de León Toledo, César Pérez y Domingo Vázquez.
Más reciente es la producción del cineasta Alejo Crisóstomo, quien creó la animación Las aventuras de Junajpú y Luna, en la que los gemelos tienen como misión salvar el mundo. Igualmente, Ana María Pávez realizó otro filme para niños llamado Popol Vuh: basado en el mito de creación maya k’iche’, con el objetivo de “cautivar a los niños para que conozcan y aprecien los conocimientos, creencias y costumbres de los estilos de vida indígenas”, señala. La estadounidense Patricia Amlin se interesó por esta obra y la plasmó en la producción de animación Popol Vuh, en 1989. Y es que, aunque el libro sagrado de los k’iche’s es un símbolo de identidad de los indígenas; y en general, es también una obra universal, un modelo de inspiración sin fronteras, un libro de referencia para artistas de todo el mundo.

Fuentes: Centro de Documentación El Attico, Banco de Guatemala


Roberto Cabrera. Hizo una exposición en 1962 en la Galería Cruz Azul de dibujos basados en la historia Popol Vuh. También ha participado haciendo ilustraciones, como la foto, en una edición del libro sagrado de 1973.


Ana María Martínez Sobral. Primera mujer en realizar en Guatemala un mural sobre el Popol Vuh. Dicha obra se encuentra en el centro comercial Tikal Futura.


Paula Nicho. Mujeres de Maiz(Foto). Es miembro del grupo de pintoras kaqchikeles de San Juan Comalapa.

Hermelindo Mux. Este artista de Comalapa tiene varios cuadros relacionados con el tema. Este se llama Ixmucané e Ixbalanqué. Pero, también tiene otros como El glifo Aj, La Esperanza o La Santísima maíz milagrosa.


Margarita Roquel. Tiene obras como La Transformación de Jucumatz del año 1990 (en la fotografía) o La Creación, entre otras.

Manolo Gallardo. Esta escultura se titula La princesa Ixquic. Tiene, además, una pintura con el mismo nombre.

Arnoldo Ramírez Amaya, Tecolote En la serie La raza dormida, de su última exposición, se inspiró en el Popol Vuh. En la actualidad son proyectos de esculturas.

Algo más

  • Es una recopilación de la mitología y la historia del pueblo k’iche’ que hasta entonces se transmitía en forma oral.
  • Significa “Libro del consejo” o “Libro de la comunidad”.
  • Este libro fue descubierto en Chichicastenango a finales del siglo XVII por el padre Francisco Ximénez, quien lo tradujo al castellano.
  • Sin embargo, fue el doctor Carl Scherzer, quien editó la copia que encontró, y la dio a conocer mundialmente en 1857.
  • A partir de entonces han surgido numerosas traducciones a todos los idiomas. Cada poco tiempo surgen nuevas, aunque curiosamente las mejores, según el último en editarla, Enrique Sam Colop, son las inglesas de Dennis Tedlock (1985) y Munro Edmoson (1971).
  • Las hay hasta con ilustraciones de prestigiosos pintores como una edición de 1973 coordinada por Agustín Estrada Monroy, en las que participaron Roberto Cabrera, Marco Augusto Quiroa, Elmar René Rojas y Enrique Anleu Díaz.

 


   

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