Un sendero mejor organizado
La Unión Europea apoya en la formación para saber atender a los turistas de crucero, en Izabal.

Por ana Martínez
de Zárate
Lejos quedan las escenas con las que se topaban los turistas cuando bajaban de los cruceros en Puerto Santo Tomás de Castilla, Puerto Barrios, Izabal. “Se sentían atacados y asustados”, recuerda Claudia Castejón, responsable de la calidad y acceso a los mercados de la Unión Europea.
Los lancheros, taxistas y microbuseros discutían, incluso se insultaban entre ellos y con otros gremios; los artesanos se colocaban en el suelo, sin un lugar propio donde colocar los objetos de venta, y pocos trabajadores del puerto sabían inglés, para guiar y resolver las dudas de los viajeros. Omar Solís, delegado del programa Asistencia al Turista del Inguat, corrobora: “No imperaba ninguna ley de respeto y se generaba mucha desconfianza con esta actitud y esta desorganización”.
Transformación
Las cosas han cambiado mucho, pero no fue fácil. El proceso de capacitación duró años. Hoy, el referido puerto está preparado para recibir a los cruceros. Se debe tener en cuenta que un barco de ese tipo puede medir hasta 250 metros, y en este caso la capacidad sería casi para cuatro mil 500 pasajeros, entre turistas y tripulantes. Han superado con creces la prueba, ya que, además, han recibido hasta tres cruceros simultáneamente, por lo que tanto los trabajadores del puerto como los de la ciudad necesitan organización.
Según Débora Paredes, coordinadora de Turismo de la Portuaria, “tres días antes de la llegada de un barco comienza la preparación”. Se construyó un Centro de Atención al Visitante, donde se organiza una fiesta de bienvenida con un baile garífuna, e incluso, es uno de los pocos puertos donde también se festeja la despedida. “Es muy alegre, viene todo el mundo, y los turistas se quedan con muy buen sabor de boca”, coinciden quienes han tenido la suerte de asistir a alguna de estas celebraciones.
Estuardo Vargas, gerente general de la Portuaria, refiere que esta temporada —que empezó en octubre último, y acaba en mayo—, se han confirmado 50 cruceros, que permanecerán en Izabal unas horas —por lo regular 12—, que serán cruciales para que el viajero decida volver y visitar a fondo esta zona, además de animarse a conocer otros lugares del país. “Aunque ganamos más con operaciones comerciales, preferimos que vengan cruceros, para el beneficio de la comunidad, ya que entonces se benefician los artesanos, los lancheros, los taxistas y los operadores de turismo. En definitiva, la comunidad”, asegura Vargas.
David Quinto, hotelero con restaurante, operador de turismo y ex vicepresidente del Comité de Autogestión de Turismo, tampoco es de los que más se beneficia por ese tipo de turismo. “Como solo bajan unas horas y en sus paquetes de viaje están incluidos todos los servicios de alimentación, al hotel y restaurante nunca vienen”, explica.
Sin embargo, fue uno de los primeros en darse cuenta de la importancia y las ventajas que puede aportar que los cruceros elijan detenerse en Santo Tomás de Castilla. “En el 2001, apenas llegaban ocho cruceros al año, y aquí ni nos enterábamos. Entonces, me di cuenta de que debíamos promover Guatemala como destino de este tipo de turismo y aprovecharlo para que se lleven una buena imagen del país y que regresen”, afirma.
En el 2006, la Unión Europea se dio cuenta de esta necesidad y apoyó varios programas para la capacitación de empresarios y representantes de instituciones de Izabal, con el objetivo de enseñarles a tratar a estos turistas. Se les capacitó en turismo sostenible, servicio al cliente, valores humanos, gestión empresarial y turística ambiental, conservación y manejo de los recursos naturales, entre otros temas.
A todos los beneficiarios también se les dieron cursos de inglés. Por último, se creó un logo y el lema “Izabal: Caribe verde”.
“Fue muy difícil ponerse de acuerdo, pero al final, eligieron ese”, comenta Solís, quien recuerda que el problema principal de este lugar era el individualismo, pero gracias a este programa se lograron unir las personas de todos los sectores. Además, pusieron en marcha una página web sobre todo el departamento, www.izabalonline.com.
Las Escobas
Uno de los puntos turísticos fuertes de Izabal es el sendero Bosque Tropical Las Escobas, en la zona protegida del Cerro San Gil, que se extiende a más de 47 mil 447 hectáreas. “Está muy cerquita del puerto, por lo que es uno de los destinos más visitados”, asevera Azucena Mejía, administradora de Las Escobas. En el 2004 se empezó a trabajar como sendero y a explotarlo en forma turística. El cambio a mejor fue patente desde la llegada de la Unión Europea.
Cada año introducen alguna mejora, como por ejemplo, las vallas informativas e interpretativas, y como consecuencia aumentan las visitas. “La pasada temporada de cruceros nos visitaron unos 10 mil turistas”, añade. De todo esto, también se beneficia la Comunidad Las Escobas, formada por 35 familias, ya que la Fundación para el Ecodesarrollo y la Conservación (Fundaeco), administradora de la reserva, proporciona 10 por ciento de la recaudación para proyectos de mejoramiento de la comunidad. “Este año se les va a instalar energía eléctrica”, agrega Mejía.
Niños guías
“Venían aquí varios niños de la comunidad, a bañarse y a jugar, y comenzaron como si fuera un juego a implicarse en las actividades turísticas, acompañando a los visitantes para que no se perdieran en el recorrido, de una hora y media de duración”, refiere Mejía.
Poco a poco se les capacitó, como a todo el personal, para que se profesionalizara su función: aprendieron la importancia del medioambiente y su cuidado; cómo resolver conflictos; primeros auxilios; información acerca de las especies únicas de animales y plantas del sendero que no se pueden encontrar en ninguna otra parte del mundo. Y por supuesto, el inglés, lo que más le gusta a Carol Milene, de 16 años, ataviada con el uniforme y la mochila para hacer recorridos, quien es una de las seis guías de Las Escobas.
Comenzó a jugar junto a su hermano por estos parajes hace seis años, y desde el principio se involucró en el proyecto. Sueña con trabajar aquí cuando sea mayor. Pero, por ahora, como los demás niños —otros seis se encuentran en formación—, continúa con sus estudios, ya que un requisito para trabajar en el sendero es obtener buenas notas. Como recompensa, la Fundaeco proporciona a cada uno Q55 por día, más la propina.
Por lo general, los visitantes quedan encantados por el alboroto de los niños que a su vez aprenden y disfrutan con ellos. De los mejores recuerdos, Milene tiene en mente cuando unos estadounidenses le enseñaron trucos de magia; también, una vez cuando con los turistas pudieron ver cómo una serpiente se comía un ratón.
rosario@herreramolina.com
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