Semanario de Prensa Libre • No. 366 • 17 de Julio de 2011

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D cultura

El taxista escritor
El chileno Rodrigo Díaz Cortez transporta la épica latinoamericana en un auto.

por Nana de Juan
fotos: Ablert Olivé

Rodrigo Díaz abandonó su Santiago de Chile natal el 8 de mayo del 2001 para triunfar en el mundo de la literatura en Barcelona, “el centro del mundo editorial”, con una novela bajo el brazo, pero la fortuna se hizo esperar.
Entretanto, se ha ganado la vida como jardinero, albañil, cuidador, actor de cine y profesor de técnicas literarias, todo un “hombre-orquesta”, como dicen en su país, sin cejar en su objetivo.
En el 2007, su novela Tridente de plata ganó el premio Vargas Llosa de la Universidad de Murcia y Poeta bajo el mar quedó finalista del premio Ciudad de Barbastro (2008) y del premio Qué Leer (2010), sin que ninguna de las dos se publicara.
Por fin, su obra El peor de los guerreros (Los libros del Lince) acaba de ser publicada en España, y este mes verá la luz en Chile, Argentina, Colombia, México, Guatemala y Venezuela.

Parece un milagro que haya conseguido finalmente publicar una novela.

¡El milagro es que una editorial se haya fijado en ella! Lo conseguí gracias al periodista y amigo de El Mundo Matías Néspolo, que se la aconsejó al editor diciéndole que era una maravilla…

Porque no creía en las editoriales convencionales…


No, no, yo quería hacer una colección independiente, pensaba que las editoriales solo te recibían “por enchufe”, y publiqué yo mismo mi primera novela, La taberna del vacío, de la que conseguí vender hasta seis mil ejemplares a €6 —US$8—, entre Madrid y Barcelona, pero fue duro, muy duro.

¿Iba a las ferias del libro?

Yo prefería abordar a las personas en los bares barceloneses del barrio de Gracia o en el parque de El Retiro madrileño, donde la gente era más receptiva, que permanecer pasivo. Muchos me rehuían y yo les explicaba que no era un terrorista ni nada por el estilo, hasta que me tomaban confianza y dialogábamos.

Pero luego prefirió optar por los concursos literarios…

Sí, gané el premio Vargas Llosa de la Universidad de Murcia en el 2007 con la obra Tridente de plata, pero nunca pude verla publicada, porque tenía 450 páginas y las editoriales me dijeron que su costo en papel era elevado.

Otra nueva decepción…

Relativa, porque con los €12 mil —US$17 mil 300— que me supuso este premio compré mi tiempo, me saqué la licencia de taxista y escribí El peor de los guerreros, que ahora se ha publicado, por la editorial El lince de los libros, y que próximamente se lanzará en toda Latinoamérica. ¡Quién me lo iba a decir a mí, que odio los autos y me paso ahora todas las noches metido en uno de ellos!

¿Y qué es El peor de los guerreros?

En mi novela devuelvo la vida a un hombre asesinado por la dictadura de Pinochet, una especie de fantasma que dará voz a tres generaciones de chilenos, desde 1939 hasta 1980, cuando el golpe militar de Pinochet.

¿Novela de ficción?

Todos mis personajes son reales, pero pasados por el tamiz de la ficción. Proceden de la memoria oral de mis abuelos y de una bisabuela muy mayor, pero muy lúcida que, cuando yo tenía 15 años, me narraba las historias del desierto de Atacama y, como yo era muy cotilla, estaba encantado.

¿Una novela-río?

Yo diría que es una novela que se inicia como policíaca y se transforma en novela épica, con seis personajes principales y numerosos secundarios, escrita a modo de
flashback. Ya tenía perfilado un cuento de personajes estrafalarios, pintorescos y coloridos en 40 páginas que me pedían a gritos que fueran una novela; de ahí empecé a darles vida y a dejar que se expresaran.

¿Por qué del desierto de Atacama, si usted nació en Santiago de Chile?

Porque mi vida transcurría a caballo entre Santiago de Chile y el desierto de Atacama, donde vivían mi mamá y mi papá, respectivamente, que estaban separados. Mi mamá me ponía en un autobús y me enviaba largas temporadas con mi papa.

¿Y qué le aportaron esas vivencias?

Debo decir que el desierto de Atacama me ha aportado mucho, como la posibilidad de reflexionar, de vivir la vida con sencillez, su humildad, una solidaridad muy grande. Mi corazón está en el desierto de Atacama, porque allí fui muy feliz.

Usted conoce la personalidad de aquella gente, así como la tenacidad de los mineros
encerrados durante numerosos días hasta que pudieron ver la luz.


Yo hablo de los mineros de Atacama en mi novela y los defino como personas extraordinarias, sencillas, como los topos, con una capacidad asombrosa para soportar el calor, gente muy religiosa y muy borracha cuando celebran su salida de la mina.

Define a los antepasados de los mineros como “pampinos guerreros”.

Yo los defino como “personas que el sol achica el cerebro y no mueven los labios”. En mi libro hablo de ellos, gente muy dura, muy recia, recogedores de salitre, con mucha fuerza para un trabajo de 12 horas diarias, amantes del buen comer.

¿Sabe cómo se encuentran ahora?

Todos estos acontecimientos los ha tomado de forma inesperada, les ha sobrepasado la atención del público y muchos están pasando ahora por una fuerte depresión. Ya no pueden trabajar en la mina.

¿No estaban preparados para tanto agobio?

Cuando eres pequeño y estás en un equipo de futbol te preparan para futuro, pero los mineros no lo estaban y no han podido soportar tanta presión mediática y tanto olvido posterior.

EFE-Reportajes

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