Semanario de Prensa Libre • No. 366 • 17 de Julio de 2011

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Cofradias en la nueva Guatemala
Estas instituciones se remontan a los siglos XVI y XVII, y han sido trascendentales para el patrimonio cultural e, incluso, la fundación de la actual ciudad.


Escena del viernes santo de 1964 que docuementa el cambio de Encargado General del Culto de Jesús Nazareno de la Merced.

por MARÍA JOSÉ PRADO

Tradicional y culturalmente, en nuestro país ubicamos a la cofradía como esa particular organización religiosa indígena —famosas son, por ejemplo, las de Chichicastenango—, heredada desde la Colonia e institución viviente del sincretismo derivado de las dos culturas. Muchas de estas cofradías están desapareciendo, pero similar es la historia de otras compuestas por mestizos que, ya sea habiéndose transformado o definitivamente desaparecido, han sido cruciales para la conservación de nuestro patrimonio cultural y religiosidad popular.

Laicos en la Iglesia

Para empezar, ¿qué es una cofradía? Sus orígenes se remontan a Europa y a las tradiciones católicas de la misma; son instituciones traídas a América en el siglo XVI por los españoles. En la época colonial tenían varias funciones importantes, pues eran las plataformas donde los laicos podían involucrarse activamente en la actividad eclesial. Así, además de cumplir con una serie de funciones religiosas y sociales, también delimitaban la división social de la época. Por ejemplo, la Cofradía de Santo Domingo era exclusiva de españoles; la de Candelaria, de indígenas; la de la Merced, de españoles y criollos.
Miguel Álvarez, cronista de la ciudad, expone que una de las primeras cofradías en el país fue la de la Inmaculada Concepción, fundada en la Iglesia de San Francisco, Almolonga, en 1527. Otras de las más antiguas son la de Jesús de la Merced, fundada en 1582; Soledad del Santo Entierro, de Santo Domingo; y la de Jesús Nazareno, de Candelaria y Santa Vera Cruz, de San Francisco.
Puesto que estas organizaban y dirigían el culto o festividades religiosas, se convertían en guardianas de cierta devoción particular. En muchas ocasiones eran apoyadas por los gremios comerciales de la época, quienes mostraban especial interés en el culto a sus santos patronos.
La estructura de las cofradías permaneció vigente gran parte del siglo XIX, y resultó crucial en lo que supuso el traslado de la ciudad desde el Valle de Panchoy hasta el Valle de la Ermita, por el poder de convencimiento que ostentaban. Inclusive, según nos comenta Gerardo Ramírez, historiador, estas fungían como bancos en tiempos coloniales. Sin embargo, hacia 1873, en medio de los gobiernos liberales, se dicta la disposición de suprimir muchísimas organizaciones religiosas, y entre estas se disuelve un buen número de cofradías. “Aún así, esto no puso en peligro la fe”, explica Álvarez, “porque el culto del pueblo guatemalteco permaneció intacto. Si estas hubieran desaparecido, habría sido un atentado terrible para la cultura nacional”.
Las cofradías se transformaron en nuevos tipos de organizaciones, y es entonces que aparece la hermandad, que es un concepto mucho más liberal —ejemplo de esto sería la Hermandad del Señor Sepultado de Santo Domingo—. Con el tiempo, algunas de estas últimas volvieron a recibir el estatuto de Cofradía y otras solo cambiaron su figura. Sin embargo, sus atribuciones continúan y muchas han sobrevivido hasta nuestra época. A continuación, la historia de algunas de ellas.


La cofradía del Rosario se encarga, entre otras cosas, de engalanar el interior del templo de Santo Domingo para las fiestas de octubre, en honor a la Virgen María.


Del Rosario

Fue fundada por el obispo Francisco Marroquín el 1 de noviembre de 1559. Ha estado siempre a cargo de los dominicos y fue la primera cofradía del Rosario en la ciudad de Santiago. Aunque funcionan otras cofradías que difunden el rezo del Rosario, la casa matriz de estas, por decirlo así, es la Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosario, en el Templo de Santo Domingo, zona 1. Esta tiene dos ramas: la Asociación del Rosario Perpetuo, fundada en 1891, y la del Rosario Viviente, que este año cumplirá 75 años.
La primera se encarga de que el rezo del Rosario sea ininterrumpido durante todo el año, y para lograrlo tiene una jerarquía de diferentes miembros. Se cuenta con 20 Jefes de División, una división por cada misterio. Cada jefe de división tiene que imponer medallas a 31 jefes de sección, uno por cada día del mes. Cada jefe de sección, a su vez, tiene asignado un día del año y debe formar un coro de 24 guardias, por las 24 horas del día, que tienen el deber de rezar durante una hora del día específica.
Por otro lado, el Rosario Viviente está enfocado hacia los niños y les ayuda a aprender la devoción desde chicos. “Le llamamos Rosario Viviente, porque está enfocado a los niños en su diario vivir. Rezan solo un misterio cada día, pero esa es la semilla que tratamos de sembrar en tierra fértil a temprana edad. Diferente es el caso de los guardias del Rosario Perpetuo, que rezan los 20 misterios cada vez”, nos explica Olga de Portilla, presidenta de la cofradía.
Sumado a esto, la cofradía maneja también otras actividades. Por ejemplo, una procesión el segundo domingo de mayo, en la festividad de la Rosa —un homenaje a la advocación de la Virgen como Rosa Mística—. Este mes empiezan también los 20 sábados por los 20 misterios del Rosario, en donde hay rezo del mismo, exposición del Santísimo Sacramento y Santa Misa. Esta serie de celebraciones culminan en octubre y en la clausura de los mismos se impone la máxima condecoración de la cofradía, la Orden de la Gran Cruz de la Santísima Virgen del Rosario, a personas de la tercera edad —generalmente mayores de 80 años— que hayan destacado por su perseverancia en el culto a la Virgen del Rosario, así como a otras asociaciones afines que promuevan su culto.
En lo que concierne a las celebraciones de octubre, es labor del presidente de la cofradía buscar un lema para la decoración de cada año; “por ejemplo, el año pasado se celebraron los 500 años de la Orden de los dominicos en Guatemala”, explica De Portilla.
Y por supuesto, esta cofradía se encarga del cuidado de la Consagrada imagen de la Virgen del Rosario, que los fieles católicos guatemaltecos visitan en grandes peregrinajes en octubre de cada año. Esta imagen de bastidor fue mandada a tallar por Fray Lope de Montoya en el siglo XVI a plateros guatemaltecos. Fue terminada en 1580 y está en veneración desde 1592. La imagen fue coronada el 28 de enero de 1934, en el atrio de la Catedral Metropolitana, por el entonces Arzobispo, Monseñor Luis Durou y Sure, según una bula Papal.
“Puesto que es una joya que hay que conservar, no se puede tocar sin la autorización del Idaeh (Instituto de Antropología e Historia), así que ni nosotros podemos decidir cuándo es necesario enviarla a restauración si no contamos con el aval de ese instituto. Por esto mismo, sale en procesión solamente en ocasiones muy especiales. La última vez fue cuando Rodolfo Quezada Toruño fue nombrado cardenal”, amplía la presidenta.

De Jesús de La Merced

Esta es la tercera más antigua de la ciudad de Guatemala. Como todas las cofradías, su actividad más importante ocurre en el período que va desde la Colonia hasta la Independencia. Es alrededor de estas fechas que cambia su organización y se transforma en una Asociación de Fieles Laicos, dirigidos por un Encargado General —que sería el párroco de La Merced; actualmente, el padre Orlando Aguilar—.
Esta cofradía inició su culto con una imagen a la fecha desconocida, que en 1655 fue reemplazada por la actual escultura de Mateo de Zúñiga. “Antes del siglo XVII, lo más importante de las cofradías era el culto y no tanto la imagen. Después de ese momento, la situación fue al revés, pues muchas hermandades efectivamente giran alrededor de una imagen y su procesión”, explica Eduardo Andrade Abularach, coordinador general del culto de Jesús Nazareno.
El Jesús Nazareno de Zúñiga marcó también un canon artístico que fue muy repetido por otros artistas. “Es una obra manierista, precursora del Barroco. Este estilo tiene mucho dramatismo, mucho movimiento. El manierismo es un momento antes de todo ese movimiento, y por eso todo tiene mucha tensión. El Jesús Nazareno de la Merced, por ejemplo, tiene una gran torsión, un particular giro helicoidal que está fuera de su centro de gravedad y que lo convierte en una gran proeza artística”.
La imagen fue toda una novedad en Santiago de los Caballeros, y fue la primera imagen Consagrada en América (el 5 de agosto de 1717). El Capitán General, don Martín de Mayorga, aprovecha, incluso, la devoción que se tenía a la imagen para obligar a los vecinos a mudarse a la Nueva Guatemala, luego de ordenar el traslado de la misma en 1778, para forzar a los fieles a seguirla.
Este Cristo ha salido tradicionalmente en procesión, desde principios del siglo XVII, todos los Martes Santo (en La Reseña) y el Viernes Santo. Hacia 1721, el Ayuntamiento nombra al Jesús Nazareno de la Merced como Patrono Jurado de la Ciudad de Guatemala y se compromete a festejar (financiar y participar en) la procesión de La Reseña. Un punto interesante es que, para el momento en que llega la Revolución Liberal, el Ayuntamiento seguía comprometido a este respecto, y puesto que dejar de apoyar la procesión no habría sido del agrado popular, la sigue apoyando, pero con mayor distancia.
“Recuerdo que cuando yo empecé a participar en La Merced, todavía conocí a las generaciones mayores que realmente trataban de dejar claro que cargaban martes o viernes”, comenta Andrade Abularach. “Al principio, uno no muy entendía por qué eran tan escrupulosos en enfatizar en qué procesión cargaban, pero luego fui comprendiendo que detrás llevaba una connotación política: el saco y corbata con que se carga La Reseña era de los liberales, y el traje de cucurucho del viernes, de los conservadores. Ya después de la segunda mitad del siglo XX, la historia rebasó esas diferencias y los cargadores ya lo hacen indistintamente”.
Actualmente, los fieles de la Parroquia de la Merced organizan también dos velaciones al año, una conmemorando la Consagración de la Imagen, y el 15 de septiembre la velación de la Santísima Virgen. Todo este trabajo es voluntario.

Del Carmen

Se fundó un 14 de octubre de 1677, en la ciudad de Santiago de los Caballeros —Antigua Guatemala— y su origen está relacionado con el deseo de que la Orden de los Carmelitas llegara al país.
“En el contexto histórico habría que ver que el rey de España había nombrado a la entonces beata Teresa de Jesús como Copatrona del Reino de Guatemala, y más tarde, con su canonización en 1622, la Orden del Carmelo entró “como de moda” en el ambiente bastante religioso de la época”, expone Enrique Alfaro, cofrade carmelita de 21 años.
El 13 de febrero de 1676 finalmente se funda un convento carmelita en el país, y al año siguiente esta cofradía —vigente hasta hoy, aunque con bastantes dificultades— con el fin de cuidar el culto a la Virgen del Carmen e imágenes relacionadas al Carmelo.
Entre estas destaca la historia de la Virgen de Lima, traída desde Perú y desaparecida hacia principios del siglo XX. “A la fecha nadie sabe si se destruyó para los terremotos de 1917 o si se la robaron al mandarla a restaurar”, comenta Alfaro.
En este patrimonio se encuentra también la imagen de Jesús Nazareno del Rescate —del mismo tallador del Nazareno de La Merced, Mateo de Zúñiga—. Es justo en torno a esta imagen que aparece una hermandad poco después de la revolución liberal, la cual se disuelve en 1941 y se retoma en 1955, estando activa hasta la fecha. Esta última, que lleva ahora el nombre de Asociación de Jesús del Rescate, saca la procesión del Miércoles Santo, y otra el domingo más cercano al 6 de agosto con la imagen de Jesús de la Buena Esperanza.
“Anteriormente, la Cofradía del Carmen sacaba la procesión de la Virgen del Carmen, pero el actual párroco le pasó esa responsabilidad a la Hermandad, debido a problemas administrativos dentro de la cofradía”, explica Alfaro. “Por ahora, hay muchas imágenes históricas en muy mal estado y la cofradía ha quedado relegada a organizar novenas, rezos del Rosario, y a la consecución de fondos; es decir, a promover el culto a la Virgen del Carmen y el uso del escapulario. Pero mientras esto siga, la Cofradía sigue viva”.

Guardianas

¿Qué futuro depara a los cofrades y sus instituciones? ¿Las nuevas generaciones continuarán su labor? Enrique Alfaro, desde su perspectiva, observa que, aunque la participación de jóvenes tampoco es nula, sí es minoritaria y estos suelen encontrar dificultades, tanto porque de pronto se topan con muchas “trabas” para desarrollar sus ideas, o porque el compromiso a largo plazo ya no les interesa, “pero eso pasa con gente de todas las edades”, agrega este.
Ramírez también considera que lo que es auténticamente una cofradía está perdido desde hace tiempo —la labor social que hacían éstas, en lugar del enfoque meramente cultual—. “La esencia se perdió desde la reforma liberal y la Iglesia en Guatemala no ha hecho nada por revivirlas. Antes, las cofradías tenían el gran atractivo de que los miembros podían ganar indulgencias al pertenecer a estas, pero esa es una idea que ha perdido arraigo, porque la misma Iglesia ya no la fomenta tanto”
Por otro lado, aunque el nombre de cofradía nos siga pareciendo algo místico y muy antiguo, esa es solamente una cuestión formal: “Las cofradías evolucionaron hacia Asociaciones Públicas de Laicos, que es la figura que detalla el Derecho Canónico”, nos explica Andrade Abularach, concepto que también señala Ramírez. “Antes del Concilio Vaticano II, estas tenían mucha más autonomía y luego de este, en muchos círculos se les empieza a ver como fundamentalistas por su gran religiosidad. Para conciliar esto, Juan Pablo II jugó un papel fundamental, pues fue muy específico en solicitar a todas las diócesis que reintegraran y realzaran el valor de las devociones populares, a la vez que cuidaran que estas se mantuvieran siempre dentro de los lineamientos de la Iglesia, para no caer en excesos de sincretismo.”
Estas asociaciones, se les llame cofradías o hermandades, tienen un rol sociocultural bastante importante. Como dice Álvarez, “han sido trascendentales en la conservación de parte del patrimonio tangible e intangible de nuestro país, de la tradición misma. Mantienen viva la memoria colectiva”.


   

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