Registro de tesoros ocultos
Conservar el patrimonio tangible e intangible de 14 aldeas de Antigua Guatemala fue la idea. Hoy, un catálogo la concretiza.
por julieta sandoval
fotos: Miguel López

Cruz de piedra de las ruinas de la iglesia de Santa Isabel, en la aldea de ese mismo nombre.
Un árbol, un grifo o una calle, quizá no represente mucho para un visitante, pero para quienes siempre lo han visto en su vecindario forma parte de su vida. El Catálogo del Patrimonio Cultural y Natural de las aldeas circunvecinas de la Antigua Guatemala contiene esas riquezas que han estado ocultas para la mayoría, durante años.
En el 2004, la Unesco hizo una visita a Antigua Guatemala para evaluar su estado de conservación. En esa ocasión se planteó ejecutar una investigación sobre el patrimonio de las aldeas que rodean a la ciudad colonial. El proyecto fue puesto en marcha por la Universidad de Las Palmas, de la Ciudad de Gran Canaria, la municipalidad de Antigua y el Consejo de Conservación. Durante año y medio se registraron 400 elementos.
Catorce aldeas se tomaron en cuenta, pues eran las registradas cuando se efectuó el estudio. Los centros urbanos que provienen del siglo XVI fueron los primeros poblados que, junto a la ciudad, se establecieron en el valle, por lo que tienen una gran importancia histórica. Las poblaciones con más bienes registrados fueron San Juan el Obispo, San Pedro las Huertas, Santa Ana, San Felipe de Jesús y San Bartolomé Becerra.
Mucho de este legado había permanecido semioculto o desconocido. “Sólo identificado, y a veces no bien valorado por los lugareños, debido a la cotidianidad, quizá porque se han acostumbrado a tenerlos siempre”, explica Carlos Berdúo, cronista de Antigua Guatemala, y quien participó en la investigación.
En este documento se reconocen componentes muy propios. Por ejemplo, en San Juan del Obispo, al sur del convento, hay un gran árbol que los parroquianos llaman “el de los enamorados”. “Al investigar el por qué del nombre tan singular, averiguamos que por generaciones este ha sido el lugar de las citas de las parejas”, comenta Carlos Berdúo. Bajo sus ramas, las muchachas han dado el sí. “Esto es significativo para las familias de San Juan del Obispo, por eso forma parte de este documento”, agrega.
La investigación también identificó muchos bienes naturales que están en peligro de desaparecer, tal es el caso de algunas calles con cercos de izotes, que son centenarios y que cuando se edifique un muro serán derribados; en el documento ya quedaron para la historia.
También se hizo un reconocimiento de los accidentes geográficos como cerros, montañas, quebradas, entre otros, que forman parte del legado natural de cada una de estas comunidades.
De igual manera sucede con la tradición popular. Muchas expresiones propias de estas aldeas van evolucionando o mutando, para después desaparecer.
Las construcciones también fueron tomadas en cuenta. Se registraron calles, plazas, casas y templos.
Algunos componentes se encuentran aún en todas las aldeas incluidas en el estudio, entre ellos están las pilas con lavaderos públicos. Se registraron, además, Las campanas. Muchas de estas aparecen fechadas, con anotaciones y, a veces, nombre. “Las inscripciones fueron hechas en primera persona, porque la campana cuenta su historia, por ejemplo, “fui fundida en el año tal, hablan en femenino”, indica el cronista.
Pero hay elementos que existen solo en ciertos lugares, como en San Pedro las Huertas. Aquí se encontró una buena cantidad de chorros públicos empleados para llenar cántaros. Están ubicados en la calle principal y aún funcionan; sin embargo, en la mayoría de los otros poblados ya desaparecieron. “Afortunadamente, en años recientes se arreglaron”, dice Berdúo. El catálogo permite comparar el antes y el después de estos elementos, en esta ocasión los cambios han sido positivos.
De igual forma, fue registrada la arquitectura doméstica. Desde que se hizo el estudio, han habido cambios determinados por la llegada de nuevos vecinos, pese a eso, se han conservado muchas expresiones. Los centros urbanos donde ha existido más inmigración son San Juan del Obispo, San Pedro las Huertas, Santa Ana, San Bartolomé Becerra, y San Felipe de Jesús, por ser más accesibles para lotificar y urbanizar.
También se trató de establecer la parte prehispánica, aunque los elementos de estudio están en propiedades privadas. Algunos de los poblados son San Pedro las Huertas y San Felipe de Jesús. Acá se encontró un marcador de pelota, cuando se estaba abriendo la calle para hacer el hospital, la se trasladó al Departamento de Registro del Patrimonio de Antigua. También fueron registrados los bienes documentales. En ejemplo de esto es el archivo parroquial de Santiago del Obispo, que es del siglo XIX.
El catálogo es virtual, solo la municipalidad antigüeña tiene una copia impresa, consistente en cinco volúmenes. La investigación también contó con el apoyo de la Universidad de San Carlos de Guatemala y la iglesia Católica, pues es el primer esfuerzo que se hace para tener un registro de la imaginería de las aldeas.
Con este trabajo se pretende dar a conocer muchas de la riqueza de esta región, que ha permanecido oculta, y que podría usarse para proyectos turísticos, y que la ciudad de Antigua no sea el único punto de atracción.
- San Juan del Obispo, San Pedro las Huertas, Santa Catarina Bobadilla, San Gaspar Vivar, Santa Ana, San Cristóbal El Bajo, San Cristóbal El Alto, Santa Isabel Godínez, San Bartolomé Becerra, San Juan Gascón, Santa Inés del Monte Pulciano, San Mateo Milpas Altas, San Felipe de Jesús y El Hato.
- En Santa Catarina Bobadilla están los tanques. La cruz del atrio, tallada en piedra; es de las más pequeñas que existen.
- Santa Ana cuenta con un paraje con cataratas, donde aún se conservan los tanques de captación y el acueducto que surtió de agua a la ciudad colonial. Conserva el bosque sin alteración.
- En Santa Isabel están los árboles centenarios de izote, matasanos e injertos, especies en peligro de desaparecer.
- En San Pedro las Huertas se encuentran los llena cántaros.
- San Juan Gascón, con el acueducto de Las Cañas, que fue el principal abastecimiento de agua de la ciudad desde que fue establecida en el siglo XVI. La capilla, aunque de construcción reciente conserva imaginería y la parte tradicional de la fiesta patronal en honor a San Juan Bautista.
- San Cristóbal El Alto, en uno de los tanques públicos, al ingreso de la aldea, permanece adornada con flores una cruz.
- El Hato antes era el casco de una finca expropiada durante la Reforma Agraria y entregada a los mozos. Aquí se puede contemplar el Valle de Jocotenango de una forma especial.
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