Semanario de Prensa Libre • No. 366 • 17 de Julio de 2011

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En tercera persona

A una excelente educadora
Doña Celia trabajó intensamente y nunca le otorgaron una medalla.

Imagen
Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos

Corría el año de 1944, en la canícula de Santiago, en julio. Hacía unos días que dimitía el dictador de los 14 años, Jorge Ubico Castañeda. Gobernaba entonces su delfín, Federico Ponce Vaides, y una humilde mujer acababa de coronar las 28 vueltas hacia arriba, fue recibida por la brisa de varios árboles de ciprés en una pequeña meseta.
La referencia es la aldea Tuiquiá, Tajumulco, San Marcos, y la humilde mujer era doña Celia de León López, primera maestra de esa lejana comunidad, nombrada por el jefe político de San Marcos en ese tiempo.
Doña Celia llegaba sin el mínimo conocimiento de la lengua mam y la gente de la comunidad, sin saber nada del castellano. Sin embargo, como buena maestra se las ingenió para comunicarse, muy a pesar de que solo tenía el tercer grado de primaria.
Sin existir lo que hoy pomposamente es la educación bilingüe intercultural, le entró a la castellanización, tanto para la comunidad como a sus estudiantes.
Se hizo comadrona, secretaria del alcalde auxiliar, reconciliadora, enfermera, cocinera del sacerdote, madrina de varios niños y maestra de esa comunidad.
No existían los servicios sociales actuales, ni el IGSS, ni el pre y postnatales, por lo que en la misma comunidad dio a luz a quien escribe la presente.
En 1946 cumplió cabalmente con su período lectivo hasta el 31 de octubre y emprendió el camino a su casa, en San Marcos. Por el avanzado estado de gestación no aguantó a llegar, y una de sus hijas nació a medio camino, en la aldea San Sebastián.
Instituyó el civismo en sus estudiantes, la dramatización, la elocuencia, la declamación, los valores éticos, morales, y el amor por el medioambiente.

Si decimos que también tuvo momentos de esparcimiento, esto era antes de dormir, pues escuchaba sus radionovelas favoritas Chucho el roto y El derecho de nacer. Por ella se conoció el primer radio-receptor en aldea Tuiquiá.
Los directores del núcleo (hoy supervisores y coordinadores) la elegían año con año para examinar a diferentes aldeas de Tajumulco y municipios cercanos, llegando hasta la lejana aldea de Pin Pin, en Tacaná.
Se jubiló en 1972 y, por las pasadas de hambre, largas caminatas, el sol, la lluvia y el cáncer en un riñón, sucumbió aquella buena mujer un 25 de mayo de 1974, a los 62 años.
Que esta publicación sustituya a la orden Francisco Marroquín y las Palmas Magisteriales que en vida mereció.


Mario Roberto López de León
Marlod1911@hotmail.com

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